Un día de 2011, Amanda Coleman decidió cerrar su cuenta en Facebook. No fue por impulso, fue una decisión pensada lentamente, tras una serie de conversaciones inquietantes, y a veces angustiosas.
Amanda era una estudiante universitaria y presidenta de su hermandad, que pasaba mucho tiempo aconsejando a niñas más jóvenes de su universidad. "Me llamaban o venían a verme para pedirme consejos, llorando y diciendo que estaban estresadas", dijo.
Las inseguridades que aquejaban a estas niñas eran alimentadas con frecuencia por personas en las redes sociales.
Amanda se dio cuenta de que Facebook era mencionado de alguna manera en casi todas las conversaciones.
Las niñas sabían que estaban en la universidad para estudiar, pero pasaban horas en la computadora, obsesionadas con las fotos y actualizaciones de estado, y comparándose con sus amigos y los amigos de sus amigos, dijo.
Antes de que existieran las redes sociales, teníamos imágenes de celebridades perfectas. Las veíamos en carteleras, revistas, en la televisión, pero no nos quedábamos mirándolas durante horas cada día.
Con las redes sociales, el campo de competencia se expandió dramáticamente, y ahora se compite con las mejores fotografías y exuberantes actualizaciones de estado de cada chica que conoces.
"Es como si en algún momento, Facebook se hubiera convertido en la enciclopedia de la belleza y de los estatus y comparaciones".
Entre las amigas de Coleman, las comparaciones constantes y la escalada de inseguridades se tradujeron en un patrón de privación de los alimentos y ejercicio incesante.
"Caminaban diciendo: "No soy lo suficientemente buena. No soy suficiente esto y lo otro". Y creo que en lo que más control tenían era en su peso".
Fue entonces cuando entraron en escena las redes sociales perniciosas. Algunas de las chicas en la hermandad de Coleman comenzaron a frecuentar comunidades en línea a favor de los trastornos alimenticios, en donde los usuarios se animan mutuamente en los comportamientos de anorexia y bulimia, y en donde presentan fotografías de celebridades y modelos demacradas, e imágenes de antes y después de chicas buscando mostrar más piel y huesos.
Amanda también encontró que los sentimientos de inseguridad eran extrañamente contagiosos, dispersándose entre grupos de amigos que normalmente tienen una imagen saludable del cuerpo.
"Los sitios de redes sociales son parte de un escenario de medios ubicuo que forma lo que los niños conocen como ideal de cuerpo en la sociedad", observó Dina Borzekowski, profesora de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, quien se especializa en niños, salud y medios.
"Los medios sociales han tenido un impacto enorme en las imágenes del cuerpo de los niños. Los mensajes y las imágenes son más específicos; si el mensaje viene de un "amigo", se percibe como más creíble y significativo".
Aunque los efectos de las redes sociales en la autoestima, imagen de sí mismos e imagen corporal es un área de interés significativo, sólo existe un puñado de estudios enfocados casi exclusivamente a Facebook.
Algunos resultados afirman que Facebook aumenta la autoestima, mientras que otros reportan lo contrario, incluyendo una condición conocida como "la depresión de Facebook".
Un estudio publicado en 2011 por la Universidad de Haifa, en Israel, dice que mientras más tiempo pasan las adolescentes en Facebook, es más probable que desarrollen una imagen corporal negativa y trastornos alimenticios.
"Si tienes a una chica que sube una foto de ella misma viéndose muy delgada y con poca ropa, y obtiene una serie de comentarios diciendo que se ve "hermosa" o "ardiente", allí es cuando se presentan problemas porque otras pueden buscar la misma recompensa", dice Byrne.
"Estamos viviendo en una cultura con actitudes extremadamente disfuncionales sobre el peso". De acuerdo con Marwick, los sitios que ofrecen "thispiration" no son nuevos. Han existido desde hace una década.
En 2010, Borzekowski y su colega, la doctora Rebecka Peebles, publicaron el primer análisis en gran escala de los sitios a favor de los trastornos alimenticios, y concluyeron que los sitios mostraban una amplia diversidad entre la información dura sobre cómo intensificar un desorden alimenticio, contenidos a favor de la rehabilitación y una mezcla de ambos.
Borzekowski señaló que el escenario de los medios ha evolucionado significativamente en sólo los últimos dos años. Una gran cantidad de mensajes de trastornos alimenticios son enviados a través de Twitter, textos y Tumblr.
Pero no todo es malo, pues estas plataformas también son usadas para enviar mensajes positivos.
Recientemente, algunas de las celebridades jóvenes han participado en los altercados en Twitter, para denunciar elementos culturales que pueden incrementar los trastornos alimenticios.
En noviembre pasado, justo después de una ola de bromas crueles, misóginas y videos de YouTube sobre su peso, Miley Cyrus de 18 años publicó una fotografía de una mujer demacrada junto a un tuit que decía: "Al decirle gordas a chicas como yo, esto es lo que provocan en otras personas". También compartió una imagen de Marilyn Monroe que decía, "prueba de que puedes ser adorada por miles de hombres incluso cuando tus muslos se tocan".
Demi Lovato, la actriz del canal Disney y quien fue tratada por depresión y trastornos alimenticios en 2010, ha estado usando Twitter para vengarse de las bromas impertinentes sobre los trastornos alimenticios. En un documental reciente, Lovato admitió que ha recaído un par de veces desde su tratamiento y aunque puede que nunca se recupere totalmente de sus problemas, está haciendo lo mejor que puede para tenerlos bajo control.
El papel fundamental de apoyo de los adultos.
"Hay gente mucho más susceptible a la influencia de los medios que otros. Los mensajes y las imágenes como las imágenes de thispiration pueden inspirar a algunas pero provocar repulsión en otras", comentó Borzekowski,
En su experiencia, los niños que tienen más riesgo son los que se exponen más a los mensajes de los medios, y tienen menos exposición a los mensajes racionales y claros de los adultos que apoyan y de los líderes de la comunidad.
Sin embargo, la investigación de Byrne muestra que mientras los padres más tratan de restringir el uso de los medios a los niños, estos intentarán nuevas formas de acceder a ellos o generarán resentimiento en contra de sus padres porque sienten que no les permiten formar parte de una conversación cultural mucho más grande.
"¿Cuántos padres pueden realmente decir que han visto los videos de YouTube que han visto sus hijos adolescentes en los últimos dos o tres días?", dijo. "Los padres necesitan poder decirles a sus hijos que guarden sus smartphones".
Los estudios muestran como mientras más temprano los padres empiezan a platicar con sus hijos sobre el espacio en línea, mejor.
“Nosotros como padres no sabemos todo sobre este espacio, pero podemos hacer preguntas. Empieza a hablar con tu hijo sobre las redes sociales a la edad de seis o siete años”.
Coleman, quien ahora es una estudiante de último año cerca de graduarse, dijo que reconoce que las redes sociales son una gran herramienta para estar comunicados y conectados.
"Pero desafortunadamente también han tomado el rol de enseñarle a las niñas cómo mostrarse de cierta manera y a compararse constantemente", dijo. "Quizá necesitamos una nueva forma de enseñarles a los jóvenes acerca de la privacidad, discreción y moderación, y que tal vez a veces menos es más".
Fuente: cnnespanol.cnn.com
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